Saltar al contenido

Cloud

El desperdicio en la nube volvió a subir: 29 % del gasto

· Equipo Interdata

Representación de infraestructura en la nube

Durante cinco años consecutivos, el desperdicio de gasto en nube fue bajando. El State of the Cloud Report 2026 de Flexera, basado en una encuesta a 753 responsables de decisiones sobre nube, rompe esa racha: el desperdicio subió a 29 %.

Casi un tercio de la factura no produce nada.

Qué se rompió

Flexera atribuye el retroceso a dos frentes que crecieron más rápido que la capacidad de controlarlos. El primero son las cargas de IA generativa, que pasaron a ser el tercer servicio de nube pública más usado, con un 58 % de adopción frente al 50 % del año anterior. El segundo es la proliferación de servicios PaaS y SaaS nuevos, cada uno con su propio modelo de precios.

El patrón es reconocible: la disciplina de costos que costó años construir estaba calibrada para máquinas virtuales y almacenamiento. Llega una categoría nueva, con unidades de medida distintas, y el control se queda atrás.

El informe añade otro dato revelador: el 17 % de las organizaciones superó su presupuesto de nube pública en el último año, y el 76 % de las grandes empresas gasta ya más de cinco millones de dólares al mes.

Lo que esto significa para una empresa peruana

Las cifras son de grandes corporaciones, pero el mecanismo es idéntico a cualquier escala. Si en una empresa mediana el desperdicio ronda ese 29 %, de cada 10 000 soles de factura mensual hay cerca de 2 900 que no sostienen ningún servicio.

Y a diferencia de un servidor propio —donde sobredimensionar es gratis después de la compra— en la nube ese exceso se cobra cada hora.

Dónde está el desperdicio, en la práctica

  • Cómputo encendido sin uso. Desarrollo y pruebas no necesitan operar de noche ni los fines de semana.
  • Almacenamiento premium por defecto. No todo disco necesita la capa más rápida; separar lo transaccional de lo que solo se archiva cambia el costo por gigabyte.
  • Salida de datos. Entrar suele ser gratis; salir, no. Los respaldos que bajan de la nube cada noche sorprenden en la primera factura.
  • Recursos huérfanos. Discos de máquinas eliminadas, IPs reservadas sin asignar, snapshots de hace un año.
  • Endpoints de IA sin límite. La categoría nueva, y la que más rápido escala sin que nadie lo note.

Lo que sí funciona

Etiquetar desde el primer día. Sin etiquetas por área, proyecto y entorno, la factura es un número global que nadie puede explicar. La regla práctica: si un recurso no tiene dueño identificable, no debería existir.

Migrar por olas. Inventario y medición, prueba de concepto, migración por grupos y —la etapa que casi siempre se salta— optimización con datos reales de operación. Ese último paso es literalmente donde se recupera el presupuesto.

Aceptar que no todo debe subir. Hay cargas que por latencia, licenciamiento o volumen siguen siendo más baratas en un servidor propio. La decisión se toma carga por carga y con números delante, no por convicción.

Así planteamos las soluciones de cloud computing: plan por olas, tableros de costo desde el primer mes y una revisión de optimización cuando ya hay datos de operación real.

¿Empezamos el diagnóstico?

Levantamiento inicial sin costo y una propuesta con precios en 24 horas.